El problema: cada oficio por su cuenta
Cuando cada profesional se organiza de forma independiente, aparecen los tiempos muertos y los retrabajos: el electricista abre una pared que el albañil acaba de terminar, o el montador llega antes de que la toma de agua esté en su sitio.
Un orden lógico de trabajos
- Albañilería: preparación y adaptación de paredes y suelos.
- Fontanería y electricidad: adaptación de puntos de agua y tomas eléctricas según el diseño.
- Superficies: cuando el proyecto lo requiere, coordinadas con el mobiliario.
- Montaje de mobiliario y electrodomésticos.
- Encimera: medición, instalación, ajuste y sellado.
- Conexiones y remates: fregadero, grifería, iluminación y ajustes finales.
- Supervisión, limpieza y entrega.
Cada proyecto tiene matices, pero la lógica es siempre la misma: lo que queda oculto va antes que lo que se ve.
Por qué centralizar la coordinación
Tener un único responsable del calendario permite cerrar una fecha de instalación realista, porque los trabajos previos están planificados desde el principio. Además, la supervisión de cada fase evita que un error se arrastre a la siguiente.
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